Un Hombre Gay en un Clase de Educación Sexual para Heteros

By Christopher Katis

Lo que no aprendí en la clase de educación sexual porque se pasaban por alto las necesidades de los gays

En Salt Lake, solía haber una librería independiente frecuentada por todos los universitarios modernos, hippies, porreros, y demás alternativos. Cuando estábamos en la secundaria, mis amigos y yo éramos clientes regulares.

En ese entonces, creía que mis amigos pensaban que yo tenía un vivo interés en los indios. Tan pronto como pasábamos por las puertas del Cosmic Aeroplane, iba directo a la sección de estudios sobre los americanos nativos. Sin embargo, todos sabíamos que iba allí por un motivo completamente distinto. Verán… Justo en frente en las estanterías que albergaban libros como Bury My Heart at Wounded Knee y The Sacred, había títulos del estilo Loving Someone Gay, The Joy of Gay Sex y Lesbian Nation.

La verdad que no sabía a dónde más ir. Cuando estaba en la secundaria, el módulo de educación sexual de la clase de salud consistía, literalmente, en identificar los diversos nombres para los genitales en un mimeógrafo manual. Había un bosquejo de un pene y otro de una vagina, con líneas que salían disparadas desde distintas partes hacia el nombre correspondiente. ¡Este es el glande! ¡Más arriba está la vulva! El día del examen, lo que teníamos que hacer era rellenar las líneas en blanco.

Esa fue la educación sexual que recibí. Bueno… casi. Cuando estábamos culminando la clase, la profesora, una mujer joven adorable que nos llevaba uno 10 años, hizo este comentario curioso. Nos comentó que el himen se rompe con facilidad y que incluso se puede desgarrar haciendo actividades comunes y corrientes como montar a caballo o durante una clase de ejercicios aeróbicos intensos. Ahora bien, además de enseñar sobre cuestiones de salud, esta profesora en particular también era la profesora de clase de baile de jazz. Su polémica declaración hizo que todos los muchachos de la clase visualizaran el desgarro de su himen al dar una patada hacia arriba.

Si todo esto no fuera raro de por sí, aprovechó para darnos un consejo: les dijo a los muchachos que si en nuestra noche de boda mirábamos ahí abajo y la novia no tenía himen, eso no significaba que no fuera virgen. La mayoría de los chicos se rieron, aunque yo vomité un poco para mis adentros.

La carencia de una educación sexual integral en términos generales puede ser peligroso. Peor aún, pasar por alto las necesidades de los gays en particular puede ser directamente mortal. Creo que parte de ese problema surge de la extrañísima noción de que aprender sobre el sexo gay te convertirá en gay. También creo que hay un cierto grado de reticencia a hablar sobre el sexo entre dos hombres porque a las personas les da asco. Para ser sincero, a los gays tampoco nos encanta pensar en lo que hacen dos personas heterosexuales en la cama.

El problema de no tener una auténtica clase de educación sexual como parte del programa académico es que hace caso omiso de una verdad innegable: la visión que tiene la sociedad sobre la sexualidad nunca es un reflejo de la realidad biológica. Alabar las virtudes de la abstinencia está muy bien, pero no es necesariamente realista. Mis padres hablaban de la abstinencia pero ninguno de sus hijos varones llegó virgen a la noche de bodas; ninguno de sus hijos heterosexuales, ni yo tampoco.

Los hombres estamos programados para tener relaciones sexuales. El gran escollo que le impide al varón heterosexual mantener relaciones sexuales todo el tiempo es que las mujeres no funcionan de ese modo. Pero cuando se juntan dos hombres, los cuales piensan en el sexo cada 7 segundos, ¡se arma una fiesta! A eso, súmale sitios web como Craigslist y Manhunt, y la amplia variedad de tipologías de sexo gay que te puedas imaginar, al alcance de los dedos.

No obstante, esta facilidad tiene la desventaja de que no siempre pensamos antes de actuar y hay muchas infecciones de las cuales cuidarse. Cuando salí del armario, el sida se había convertido en una epidemia. Gracias a un esfuerzo concertado que abogaba por el uso de preservativos, las cosas cambiaron. Pero los muchachos más jóvenes no han vivido esa pandemia ni tampoco han sido testigos de cómo hombres otrora fuertes y vigorosos fueron sucumbiendo ante alguna infección desconocida después de un largo proceso de deterioro.

Hoy en día, se considera que el VHI es tratable y gracias a Dios ya no es la sentencia de muerte que fue en otra época. Lamentablemente, eso también significa que el uso de preservativos ya no es tan prevalente como solía ser. Basta con echar un vistazo en Craigslist para darse cuenta de cuántos tipos están dispuestos a mantener relaciones sexuales sin protección. También es cierto que hay un montón de nuevas formas de ETS resistentes a los antibióticos de las cuales preocuparse.

Así que tenemos que ponernos manos a la obra —lo cual siempre es una alternativa divertida— y educarnos a nosotros mismos.

A continuación mencionamos algunos pasos importantes que hay que dar:

  • En primer lugar, hazte las pruebas. El saber es poder. Si has contraído alguna infección, busca tratamiento.
  • En segundo lugar, habla abierta y francamente con todos tus compañeros sexuales. Ya sé que esa conversación puede matar el momento, pero tu vida bien merece la pena.
  • En tercer lugar, infórmate y evalúa tu nivel de riesgo. Llama a una línea de salud para gays. Son anónimas y están a tu disposición.
  • En cuarto lugar, no te olvides nunca de usar preservativo.
  • Por último, perdónate si has cometido un error y vuelve a hacerte las pruebas.

Ojalá las escuelas y demás instituciones enseñaran sobre estos temas durante la adolescencia, pero no lo hacen. Por ende, de ti depende protegerte a la vez que vives tu sexualidad con plenitud.

La verdad es que la profesora de educación sexual no lo hizo tan mal. Al fin y al cabo, cuando miré hacia abajo en mi noche de bodas, no vi un himen. Pero gracias a ella supe que es no significaba que él no fuera virgen.

Christopher Katis es director de Alethia Consulting, una empresa consultora sobre gestión de la percepción con sede en Salt lake City. Christopher y su pareja acaban de celebrar sus bodas de plata y son los orgullosos padres (la mayoría del tiempo) de dos hijos pequeños. También es el galardonado columnista de Who’s Your Daddy que aparece en QSaltLake, una publicación LGBT de referencia de Utah. La columna narra las luces y sombras de ser un padre gay. Acaba de terminar su primer libro infantil, que le complace decir que no contiene ni una sola mala palabra, si bien muchas se pronunciaron durante la realización de la obra. Se puede leer su columna en qsaltlake.com y su blog es christopher-whosyourdaddy.blogspot.com. Escríbele un mensaje de correo electrónico a Chris en chris@alethiaconsulting.com.